domingo, 11 de diciembre de 2011

Artículo: Las navidades y las tensiones familiares


Parte 1/3

Tendemos a idealizar la época navideña, pero la verdad es que la depravación humana no entra en hibernación en el periodo que va desde “thanksgiving” hasta año nuevo. Tarde o temprano, la mayoría de los cristianos tiene que enfrentar las tensiones familiares en esos días feriados.

Algunos de ustedes estarán visitando familiares que tienen cierta animosidad hacia la fe cristiana, o que son completamente hostiles hacia ella. Algunos cenarán con parejas de “nido vacío”, que tienen ahora yernos y nueras a quienes acostumbrarse, o nietos que no están siendo criados de la forma que los abuelos hubieran querido. Otros de ustedes son parejas jóvenes que están tratando de resolver cómo no ofender a familiares que se pasan revisando el calendario para ver a cual lado de la familia le esta tocando más tiempo. Y aún hay otros que son padres jóvenes, tratando de ver de qué forma instruyen a sus hijos cuando se arma un desorden en casa de los tíos este año.

Por supuesto, también están los problemas típicos que surgen cuando personas pecaminosas entran en contacto los unos con los otros. ¿Cuándo das a luz?, le preguntan a una mujer que no está embarazada, o alguien acaba con tu político favorito… tú entiendes. Aquí hay algunos pensamientos que los discípulos de Jesús deben recordar, especialmente si tienen una situación familiar difícil:

1) Paz. Es cierto, Jesús nos dice que el evangelio trae una espada de división, y que en ocasiones separa las familias (Mat. 10:34-37). Pero hay una diferencia entre la división por el evangelio y la división carnal (por ejemplo, 1 Cor. 1). El Espíritu trae paz (Gal. 5:22), y los hijos de Dios son pacificadores (Mat. 5:9). Ya que es así, debemos “buscar la paz con todos”(Heb. 12:14).

Comúnmente, la división que pasa en las cenas familiares no es porque un familiar no creyente decide perseguir a un cristiano. Si no, porque un cristiano decide separar la paja del trigo ahí mismo, en vez de esperar el día del juicio (Mat. 13:29-30). Es verdad que el evangelio expone el pecado, pero lo hace estratégicamente para apuntar a Cristo. Enemistarse con los incrédulos en una cena familiar, porque sienten o piensan como incrédulos, no es imitar a Cristo.

Algunos cristianos piensan que su beligerancia es en verdad una señal de santidad. Se van de la mesa diciendo; “Mira, si no estás en contra de eso, ¡no estás del lado de Cristo!”. Claro que a veces las divisiones deben venir. Pero piensa en las cualidades que Jesús le da a los pastores de su iglesia. No deben ser “contenciosos” y deben “gozar de una buena reputación entre los de afuera” (1 Tim. 3:3,7). Eso está en la misma lista de no ser herejes ni borrachos. Tu presencia debe ser una de paz y tranquilidad. El evangelio que profesas debe ser lo que cause división. Ahí hay una gran diferencia.

continúa...

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