miércoles, 13 de abril de 2011

El peso de nuestro castigo


Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos.
Hebreos 9:28


Cuando el apóstol Pedro dijo que Cristo "llevó" nuestros pecados (1 P. 2:24), empleó un término que significa "llevar una carga muy pesada". Eso es el pecado. Es tan pesado que Romanos 8:22 dice: "Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto" bajo su peso. Solo Jesucristo pudo quitarnos semejante peso.

Cuando Cristo "llevó nuestros pecados", llevó el castigo de nuestros pecados. Él sufrió la muerte física y espiritual. Cuando Jesús clamó en la cruz "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46), el suyo fue el grito de muerte espiritual. Ese era el castigo de llevar nuestros pecados.

martes, 12 de abril de 2011

Citas


Cuando los israelitas atravesaron el Mar Rojo teniendo la pared de agua a su izquierda y a su derecha, muchos cruzaron diciendo "voy a morir, voy a a morir!". Todos ellos caminaron con diferentes calidades de fe pero todos fueron igualmente salvos.
Tú no eres salvo por la calidad de tu fe, sino por el Objeto de tu fe.

...

Cuando Jonás estuvo en el barco, le dijo a los marineros: "tírenme al mar y serán salvados". Jesús tuvo la valentía de decir "Uno mas grande que Jonás está aquí". Y fue arrojado al océano de la ira de Dios por nosotros.


en la Conferencia de The Gospel Coalition, hace un rato.

Citas


Jesucristo... es el León de Judá (Apocalipsis 5:5) y el Cordero de Dios (Apocalipsis 5:6). Él tuvo el corazón de león y actuaba como cordero, fuerte y humilde, duro y tierno, emprendedor y sensible, enérgico y quebrantado de corazón.
Él estableció el modelo de la masculinidad.

Nuestro sustituto


Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
1 Pedro 2:24


La muerte expiatoria de Jesucristo es una verdad fundamental de la fe cristiana. La redención, la justificación, la reconciliación, la eliminación del pecado y la propiciación son todos resultados de la obra expiatoria de Cristo.

El apóstol Pablo también destacó esa obra cuando dijo que Dios "al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Co. 5:21), y que "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gá. 3:13).

Algunos sostienen que es inmoral enseñar que Dios tomó forma humana y llevó los pecados de hombres y mujeres en su lugar. Dicen que es injusto transferir el castigo del pecado de un culpable a un inocente. Pero eso no es lo que sucedió. Cristo tomó voluntariamente nuestro pecado y llevó su castigo. Si no hubiera estado dispuesto a tomar nuestro pecado y aceptar su castigo, como pecadores nosotros hubiéramos llevado el castigo del pecado en el infierno para siempre. La obra de Cristo en la cruz no fue injusta; ¡fue el amor de Dios puesto en práctica!

lunes, 11 de abril de 2011

Vindicados


Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
Hechos 7:60


Vivimos en una época en la que el cristianismo se ha vuelto cada vez más impopular con la sociedad secular. La defensa de la verdad de las Escrituras y del mensaje del evangelio pudiera pronto volverse intolerable. Eso resultará en el trato injusto de los cristianos.

La posibilidad de semejante trato debe llevarnos a pasajes como 1 Pedro 2:21-25. Allí aprendemos que, al igual que nuestro Señor, debemos andar por la senda del sufrimiento para alcanzar la gloria de recompensa y exaltación en el futuro. Esa comprensión de seguro llevó a Esteban a poner su mirada en Jesucristo en gloria y a pedirle a Dios que perdonara a quienes lo asesinaban (Hch. 7:54-60). Se encomendó a Dios, sabiendo que Él lo vindicaría. Si usted hace lo mismo, Dios también lo vindicará.

domingo, 10 de abril de 2011

Aprendí


Una de las mayores luchas que se nos presentan a los hombres cuando venimos al Señor, sucede al ser confrontados en nuestros roles de esposo, padre, hijo, profesional, etc.

Resulta asombroso como hemos sido programados para consciente o inconscientemente andar en la vida con una meta prioritaria y a veces única: Alcanzar el éxito. Éxito económico, emocional, físico, profesional, etc.

Un éxito basado en los estándares de este mundo, enseñado y reforzado por los medios de comunicación y nuestro sistema de consumo, pero sobre todo ponderado con la herramienta de medición preferida por el diablo: los ojos… la apariencia, la imagen.

En mi caso, como a muchos de ustedes, el Señor empezó a trabajar en mí, desde el momento en que le mostré mi deseo de querer agradarle, obedecerle y rendir ante El hasta mis pensamientos.

Me sentí atrapado en un molde de apariencia como Saúl. Enfrentado a un Dios del cual estaba aprendiendo que no miraba como el hombre ve, que no mira la apariencia exterior, sino que mira nuestro corazón. Pero a diferencia de Saúl, no me sentí rechazado por este Dios, ni acusado por Su profeta, sino que en Su gracia he tenido la oportunidad de iniciar un proceso de desaprendizaje.. de cambio de molde, que me llevará a ser digno de que mi Dios pudiera ver mi corazón.

Sé que este proceso nunca acabará de este lado de la Gloria… pero en la Gracia del Señor pretendo sentarme cada día en un pupitre del aula del Señor y oir Sus enseñanzas:

Aprendí que las palabras más sencillas para llamar a la autoestima, autosuficiencia y deseo de superación son el ORGULLO y la VANAGLORIA.

Aprendí que Moisés tuvo que vivir 40 años como sirviente y mantenido de su suegro, para poder desaprender todos sus conceptos de liderazgo egipcio para que entonces el Señor pudiera convertirlo en un verdadero pastor de almas.

Aprendí lo que es estar diligentemente quieto!

Aprendí que la obediencia es la llave que abre el cofre que contiene las más maravillosas promesas de Dios.

Aprendí que mientras más cerca estoy de mi Dios, más claro puedo oir Su voz.

Aprendí que el hijo busca más fácil al padre cuando tiene problemas y sufrimientos que cuando se siente seguro y en paz.

Aprendí que se puede estar gozoso y a la vez triste.
Aprendí que la paz de Dios puede guardar mi corazón aunque mis problemas no desaparezcan.

Aprendí que es más beneficioso para mi salud compartir una grasosa pizza en compañía de mis hijos, que una ensalada de un restaurant gourmet sin ellos.

Aprendí que son más provechosas las calorías que se queman aparando con mi hijo de 8 años que trotando en la caminadora de un gimnasio.

Aprendí que mi esposa agradece mucho más, mi disposición a ayudarla en la casa, que un fastuoso arreglo de flores entregado delante de sus compañeras de oficina.

Aprendí que no me hace menos hombre que mi esposa sepa donde estoy a cualquier hora del día o de la noche.

Aprendí que soy valiente ante el Señor… cuando huyo del pecado.

Aprendí que mi esposa no tiene mis mismos gustos y necesidades…

Aprendí que mis empleados tampoco tienen mis mismos gustos ni necesidades. Y que la mayoría de las veces, las virtudes de ser exigente, recto e intachable son disfraces del pecado de falta de misericordia.

Aprendí que mis empleados los puso Dios en mi oficina, no para hacerla más productiva, sino primordialmente para que yo ministrara en sus corazones y ellos en el mio.

Aprendí que todo cuanto soy y tengo… lo soy y tengo a pesar de mi y mi pecado, sólo por Su gracia. Y que poner mi confianza en inteligencia, propiedades, seguros, relaciones, familia, es tan abominable para Dios como la idolatría del más pagano de los hechiceros.

Aprendí que no me hace menos papá pedir perdón a mi hijo de 14 años al darme cuenta que lo ofendí con una disciplina mal implementada.

Aprendí que el sistema educativo de Dios, es totalmente inverso al del mundo: Iniciamos como estudiantes universitarios que creen que saben mucho, quizás más que su maestro.
A medida que avanzamos, somos como el estudiante de 7mo y 8vo, que reconoce que no lo sabe todo y que su profesor es quién le puede enseñar. Estaremos más cerca de haber aprendido nuestros roles en esta vida cuando nos sintamos como niños preescolares, que necesitan y anhelan que su maestro se siente a su lado y los tome de la mano para caminar.

Aprendí que la meta en nuestra vida debe ser vivir en plena dependencia de Dios.

Reynaldo Logroño

Deje que Dios lo resuelva


Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Lucas 23:46


El apóstol Pedro les dijo a los cristianos que no devolvieran "mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo" (1 P. 3:9). Esa fue la actitud de Jesús. Él pudo hacerlo porque "encomendaba la causa al que juzga justamente" (2:23). La palabra traducida como "encomendaba" significa "entregar a alguien para que se ocupe de eso". En cada ocasión de sufrimiento, nuestro Señor entregó la circunstancia y se entregó a sí mismo a Dios. Era porque tenía confianza en el justo juicio de Dios y la gloria que sería suya. Esa confianza le permitió aceptar con serenidad tan grande sufrimiento.

Esa es la manera en la que usted debe reaccionar cuando se enfrenta a una persecución injusta en el trabajo, en su familia o en otras relaciones. Cuando usted se venga, se pierde la bendición y la recompensa que ha de traer el sufrimiento. La venganza muestra que le falta la confianza que debe tener en el poder de Dios para resolver las cosas a su debido tiempo, que incluirá castigar a los injustos y recompensar a quienes son fieles en el sufrimiento. Así que entréguele eso a Dios y deje que Él lo resuelva

sábado, 9 de abril de 2011

Citas


Nunca estés satisfecho con lo que conoces del evangelio. El evangelio es la verdad que permea vida, que altera el mundo y que cambia el universo. Tiene mas facetas que un diamante. El hombre jamas podra sondear sus profundidades.

No amenace


Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:34


Jesús "no amenazaba" a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.

viernes, 8 de abril de 2011

Todos los hombres


La reunión de hombro con Hombro de este sábado es para todos los hombres que asisten a la IBI, sean miembros o no. Mas aún, si quieren invitar otros hombres, no hay ningún problema. La única limitación es que sean mayores de 18 años. Así que... sin excusas.

Vamos arriba!



Bueno, luego de casi seis meses de vacaciones arrancamos de nuevo con VaronilMente. Nuevo diseño y nuevos ánimos. Este será el medio por el cual te mantendremos informado de lo que sucede en HCH. Pero también publicaremos aquí informaciones, estudios y comentarios sobre temas que tienen que ver con la fe de Cristo, así como un resumen del sermón de la IBI de cada domingo y un devocional diario del pastor John MacArthur. Una lectura ligera pero con sustancia.
Pero en especial nos interesa lo que piensas. Por eso en cada tema tienes la oportunidad de compartir tu opinión con todos nosotros.
Has de VaronilMente tu parada de cada día en la web.

domingo, 17 de octubre de 2010

Una alternativa


No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente. Romanos 1:16

Antes de que Dios enviara a su Hijo a la tierra, el plan de Dios era salvar al mundo por medio de Israel; pero Israel fue incrédulo. Se describe su incredulidad en una parábola acerca de un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y llamó a los convidados (Israel). Cuando los invitados no quisieron ir, algunos por indiferencia y otros por enemistad, el rey dijo a sus siervos: "Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis" (Mt. 22:9). Jesús empleó esa parábola para describir a los israelitas apóstatas, que rechazaron a su Mesías y se perdieron la fiesta planificada para ellos.

Entonces Dios hizo la invitación a otro grupo los gentiles. Dios escogió a un pequeño grupo de personas reunidas en un monte de Galilea y a otro grupo de discípulos en Jerusalén para evangelizar al mundo perdido. Por medio de ellos haría la obra que la nación de Israel se había negado a hacer, y a nosotros se nos llama a continuar esa obra.

Tomado de Gracia a Vosotros